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martes, 17 de marzo de 2015

MI PRIMER PAN

Sí, mi aventura panarra ha comenzado. Creo que a partir de ahora puntualmente comprare pan en la panadería. Y menos en esas que venden "pan" a 20 céntimos.

La verdad que ha sido una experiencia bonita y gratificante. Buscar la harina, buena, de herbolario, de trigo blanca y de centeno integral, y luego la avena, el ajonjolí y las semillas de amapola (gran descubrimiento este último, os lo recomiendo) y luego a mezclar y que fermente (siguiendo una de las recetas del libro de Iban Yarza). Y esperar. Paciencia. TI-EM-PO.

Y este el pancito (porque me ha salido chiquito) en el horno.
Tiene esa forma tan "a lo suyo" tan "raruna", tan "oblonga" como me ha dicho mi amigo Al, tan como de paisaje Japonés, porque no seguí, (no me di cuenta) uno de los preceptos básicos a los que Iban Yarza hace mención en su libro.
(Espacio para nota mental: quédate corto de agua, para echar más nunca es tarde)
Y por eso, la masa ha quedado un poco ingobernable, y con esa forma tan anárquicamente bella. A mi me gusta. Será lo típico para con tu primera criaturita. 

Y este es el Pancito fuera del horno.


La corteza cruje como nunca se lo he visto hacer a un pan. Tiene poquita miga. Se asemeja a una chapata, pero el sabor... Se podría decir que he descubierto el sabor del pan, ese sabor que deja la masa cuando esta fermentando, ese sabor ácido que no echa para atrás. ESE SABOR. 
Y esas cositas que véis por encima, como una migración de garzas sobrevolando el monte Fuji, es avena, y ajonjolí y las semillas de amapola. Y todo junto, se queda en tu boca durante largo tiempo. 

He descubierto el mundo del pan.
Y os invito a hacer lo mismo.

El "silfi" panarra para los curiosos.



lunes, 9 de marzo de 2015

IBAN YARZA SOBRE EL PAN... Y ALGO MÁS.

Uno de los temas que se tratan en este ecléctico blog es la comida, y uno de sus principales intereses es el de comer bien, y si además, consigo concienciar a los poquitos lectores de este blog, mejor que mejor.
Aquí os dejo una mini-conferencia de Iban Yarza sobre el pan... y su miga, porque cuando termino de escuchar esta charla, yo pienso en el movimiento "slow", en el consumismo, en el mal comer, en lo mucho que nos importa gastarnos unos euros más en un buen pan o en una buena carne, en definitiva, en como miramos el euro a la hora de comprar y cuidar nuestra alimentación, y como, por el contrario, somos capaces de estar pagando un televisor durante un año o de hacer cola para comprar la nueva videoconsola.
Que me voy. En el tema de la comida nos ha dado últimamente por comprar más barato creyendo que la calidad es la misma, y perdonen que les diga pero no es así. Y podéis llamarme desconfiado si digo que rechazo a las "panaderías" que venden "pan" por 20 o 30 céntimos de euro (sí, pan y panadería entre comillas) pero a mí no me entra en la cabeza que algo que precisa de Tiempo, valga tan barato. En fin, ahí nos la están, o mejor dicho, os la están metiendo doblada, porque a saber qué harinas, (y si son harinas) utilizan, o que ingrediente utilizan, en vez de levadura, para que el pan fermente tan rápido... etc, etc, etc.
Y digo que os la están metiendo doblada, y pido perdón por si alguien se ofende, por que yo ya he decidido ser el hacedor del pan que comeremos en mi casa.
Bueno, no me enrollo más, aunque esta charla tiene mucha mucha miga. Toménse 15 minutos, y luego piensen, tranquilamente, como una masa que fermenta.

lunes, 2 de marzo de 2015

COMER CONOCIMIENTO de Ferran Adriá y elBulliFoundation

Empezaré diciendo que envidio a los participantes de este experimento. Sí, les envidio con todas mis ganas. Envidio el momento en el que son "desnudados" en la mesa, cuando los camareros empiezan a retirar copas, y platos y cubiertos y dejan la mesa vacía. Envidio ese segundo después de esto, donde desnudo por completo, no te queda más remedio que dejarte llevar. Justo ese momento del documental donde puedes intentar comprender la cocina creativa y vanguardista o seguir pensando que ir a un restaurante como fue elBulli, es ir a quedarse con hambre.
  El resto, véanlo y piensen.




Y cuando termino de ver el documental, no puedo evitar ir a la estantería gastronómica del despacho de casa y ojear/hojear el libro "Comida para pensar Pensar sobre el comer" que me regaló mi gran amigo Al y que es una reflexión sobre el universo gastronómico de Adriá coordinado por Richard Hamilton y Vicente Todolí.
                                     

viernes, 28 de noviembre de 2014

ELOGIO DEL BOCATA

O de cómo algo tan simple, sencillo y al alcance de todos tiene su ritual y puede convertirse en un verdadero manjar.

  Mi afición y gusto por los bocatas viene de pequeño, de cuando veía a mi padre en aquellas noches de pan, fiambre, tabla y cuchillo prepararse un enorme bocadillo para cenar.
   Entre esos dos panes, mi padre alojaba chicharrones, chorizo, mortadela con aceitunas, jamón, chorizo patatero (del que nos trae la abuela del pueblo), tocino de beta y por ahí seguido. Luego, le daba el broche final con un chorrito de aceite de oliva y al hincarle el diente, te dabas cuenta, por como crujía el pan, de que aquello, no solo era un simple bocadillo, era algo más, era lo simple de una barra de pan y algo de fiambre elevado a un auténtico manjar, elevado a la definición exacta de bocata.
   Y es que el bocata es un arte. No se trata simplemente de abrir un pan cualquiera, plantar sobre una de las rebanadas cualquier ingrediente, cerrarlo y a comer. No. Hacer un bocata es algo más. Es elegir un buen pan y tostarlo un poquito, para deleitar nuestros oídos a la hora del mordisco. Hacer un bocata es elegir unos buenos ingredientes, como fiambre, salchichón, jamón, salami, que no necesitan ningún tipo de preparación, o algo de carne, como ternera, cerdo, pollo, pavo, y saber darle en la sartén o en el horno el punto perfecto. Luego, no sirve de nada sacarlo de la sartén y plantarlo en una de las rebanadas del pan, poner la otra encima y morderlo. No. El ingrediente, si es alguna carne, hay que partirlo, aligerar su volumen para facilitarnos el mordisco, que no tengamos que andar desgarrando el pedazo de carne con nuestros dientes. Pero un bocata, un bocata es un mundo de posibilidades, es un universo pequeño donde mezclar sabores, y entre esos sabores, o ingredientes de un buen bocata, no puede faltar el de una salsa, de tomate, de mostaza, mahonesa, una vinagreta de pepinillos… yo que sé, lo que se os ocurra. Pero como vengo diciendo durante todo el texto, el bocata es un arte, o quizá sea una arquitectura, pues cada uno de los elemento que lo componen deben estar bien ensamblados entre sí, y el contenido, no puede nunca salirse del continente, el pan, ni la salsa ensuciarte los dedos, y si chorrea, que chorree por el culo del bocata, a la mesa o al plato.
   Un buen bocata debe poder cogerse y soltarse las veces que se quiera para poder echar un trago a esa cerveza que marida estupendamente con nuestro bocata, o al refresco de cola, o de naranja, al vaso de agua o por qué no, al vino o al champán.
   En fin, excepto David de Jorge, los cocineros se olvidan del bocata, del bocata de verdad, sin gilipolleces, y es una lástima. Igual que es una lástima no encontrar un lugar donde te preparen un buen bocata, un bocata de verdad, con buenos ingredientes, un bocata único para cada persona, con el tiempo que ello lleva y su ritual.
   Aquí rompo una lanza a favor del bocata, del Bocata con mayúscula y os digo que un día presentaré mi Bocata de mar.

P.D:
Recuerdo que mi padre me dijo una vez que se comió un Bocata de lentejas.