¿Que qué es Boa Mistura? Pues un colectivo de cinco miembros entre licenciados en bellas artes, diseñadores y hasta un arquitecto. ¿Que qué hacen? Pues dar vida y luz a las ciudades. Alegrarnos las vista. Iluminar las calles. Desde graffitis en una puerta, respetando el entorno y la belleza, hasta grandes intervenciones en muros y barrios desfavorecidos. Ejemplos de esto pueden ser las cúpulas y el frontón del mercado de la Cebada en Madrid o la intervención que hicieron, allá por 2012 en Vila Brasilândia (Sao Paulo, Brasil), donde llenaron de luz, color, "beleza", "doçura", "amor" y "firmeza", uno de los barrios más desfavorecidos de Brasil.
Pero no sólo se dedican al arte urbano, también diseñan, también son grandes diseñadores. ¿Y qué diseñan? Pues grandes portadas de disco como los de Leiva, Sidecar o Santana. y espacios y murales "deluxe" para locales como "El chiringuito del Señor Martín", en Madrid, o "le churro"en NYC, el proyecto de una abogada española en el Upper East.
Y por último, sus maravillosas litografías, muchas de ellas estampadas a gran tamaño en las ciudades. Así que ya saben, entérense si en su ciudad o en su barrio hay alguna obra de arte de este colectivo, si es así, corran a verlo y deléitense, si no, reclámelo. Y por supuesto, busque en su web imágenes, o buceen en youtube y vimeo y disfruten de como trabajan. ¡Hay muchas más obras que debéis ver que las que aquí pongo!
Desde "La fábrica de pepinos", en Madrid, al mundo entero.
Intervención en Vila Brasilândia
Cúpulas del Mercado de la Cebada
Mural guapo, guapo de "Le churro" en NYC
Mural marino de "El señor Martín" (Madrid)
martes, 6 de octubre de 2015
domingo, 4 de octubre de 2015
LAS PORTADAS DE ESQUIRE (ed. España)
Con las revistas de Esquire me ocurre algo muy curioso, siempre tengo ganas de que empiece el mes para ver publicado un nuevo ejemplar. Para ver el diseño de esa portada que nuca decepciona y que siempre hace que la compre. Desde el rótulo impasible desde que apareció, al menos aquí en España, hasta la imagen que abre la revista, pasando por la frase que acompaña la foto e incluso algo que creo, nadie se fija demasiado en ello, el diseño del código de barras. Hagan el favor de ampliar las imágenes y fíjense.
De las portadas que veis aquí qué decir. Gandolfini; lo lógico hubiera sido elegir una imagen del actor en su papel más conocido como Tony Soprano, pero decidieron esta imagen, que para imagen de tipo duro ya tiene la de la serie. De Bridgitte Bardot y Jacques Charrier en la playa en 1959, lo cierto es que una portada digna de una revista para leer entre Julio y Agosto, en la playa, al sol, después de un remojón. Simpson, Homer Simpson. ¿Hace falta decir algo más? La portada de Ferrán Adriá fue verdaderamente sorprendente, simplemente frotando un poco la cabecera emanaba un olor tal como el de elBulli (no me digan que eso no es diseño) y por último, la sensualidad, lo sexy, que también es diseño, que hay que saber acercarse sigilosamente a esa línea que separa lo sexy de lo porno, por decirlo de algún modo. Y con esa última portada que aquí veis, demostrar que esta revista bebe y vive por y para el diseño, no solo en sus portadas, también en su interior. Libros, música, moda, estilo de vida. Vayan a su quiosco y disfruten de esta revista. Alégrense la vista y la mente.
Otro día hablaré de las portadas de Tapas ñam ñam magazine, de Forbes, de la nueva LÓfficiel, todas con algo en común, el cuidado diseño, pertenecientes al mismo grupo editorial bajo la supervisión del editor Andrés Rodríguez.
Otro día hablaré de las portadas de Tapas ñam ñam magazine, de Forbes, de la nueva LÓfficiel, todas con algo en común, el cuidado diseño, pertenecientes al mismo grupo editorial bajo la supervisión del editor Andrés Rodríguez.
jueves, 1 de octubre de 2015
EL DISEÑO
De un tiempo a esta parte me estoy aficionando al diseño, estoy interesándome por el diseño. Unos lo llamarán publicidad, otros markéting, otros... Yo que sé cómo lo llamarán, el caso es que yo veo diseño en un envoltorio de espaguetis, en el escaparate de una panadería, en el corte de un vestido, en la portada de una revista y en mil sitios más.
Viene de largo, un camino lento almacenando imágenes y aprendiendo un poquito. Se juntaron las revistas que leo "Esquire" "Tapas", las que dejé de leer como "GQ" y la persona de la que cada día aprendo un poco más en ese campo que me era desconocido y que es una mina de diseño, la moda, y que gracias a mi novia he aprendido a verlo de otra manera.
Así que aquí inauguro una nueva sección, donde iré poniendo imágenes de diseños, como ya he dicho, envases, vestidos, revistas, discos, carteles, escaparates, etc... Todo aquello que me guste y me despierte interés.
Bienvenidos (de nuevo).
jueves, 17 de septiembre de 2015
Agarradas de las manos
Una mosca. Rondando por toda la habitación,
estampando su cabeza una y otra vez contra el cristal de la ventana. Pum, una.
Pum, dos. Pum, otra más. Reventando sus órganos al ritmo de los neones rojos y
verdes de la calle. Pum, pum. Era como si quisiera huir de aquella habitación y
la única manera que tenía de conseguirlo era con ese comportamiento estúpido,
absurdo e inexplicable de las moscas. Reventarse la cabeza contra el cristal.
En cierto momento que el neón rojo
iluminó la habitación, apenas podía distinguirse la absurda mosca del charco de
sangre y vino que rodeaba a aquellas dos jóvenes muchachas. Tendidas en el
suelo, cogidas de la mano. Una de ellas tenía el vientre lleno de cuchilladas,
la otra, parecía haberse rebanado el cuello limpiamente con el mismo cuchillo
que utilizó para convertir a su compañera en un colador de sangre y tripas.
La sangre pasaba de verde a negro y de
negro a rojo y de rojo a verde y lo convertía todo en una tétrica discoteca
desfasada y a punto de cerrar. Parece que todo sucedió después de tres botellas
y media de vino y de apenas media ensalada. Quizá una de ellas tuviese celos de
la otra, o la otra viniese de una familia conservadora y rancia y no se
atreviese nunca a plantar cara y vivir su vida. Puede que aquella, harta de
todo, harta de la sociedad, del conformismo, perdidamente enamorada y deseosa
de ser amada, llevada por un incontrolable impulso, saliera desesperada de la
cocina con el cuchillo grande, el que utilizaba para cortar el queso y el
membrillo del postre, y sin avisar, sin disculparse, sin arrepentirse, solo con
un te quiero, no parase de embutir una y otra vez el cuchillo en el vientre de
su pareja. Como si fuera aquella mosca estampando la cabeza contra el cristal.
Una y otra vez. Quizá fueran 30 puñaladas. O 40. Lo cierto es que antes de
quedarse sin aliento, antes de terminar de cebarse con esa tripa donde tantas
noches, delante de la tele, había reposado su cabeza, ella se tumbó a su lado,
en el suelo, agarrádola de la mano, y con el mismo cuchillo, se rebanó el
cuello a la profundidad justa para poder
sentir algo de arrepentimiento. Mientras,
en el reproductor de mp3, sonaba, una y otra vez, la misma canción:
Come on Jim
Oh you got to
Hold on, Hold on
You got to hold on
Take my hand, I'm standing right here
You gotta hold on*
estampando su cabeza una y otra vez contra el cristal de la ventana. Pum, una.
Pum, dos. Pum, otra más. Reventando sus órganos al ritmo de los neones rojos y
verdes de la calle. Pum, pum. Era como si quisiera huir de aquella habitación y
la única manera que tenía de conseguirlo era con ese comportamiento estúpido,
absurdo e inexplicable de las moscas. Reventarse la cabeza contra el cristal.
En cierto momento que el neón rojo
iluminó la habitación, apenas podía distinguirse la absurda mosca del charco de
sangre y vino que rodeaba a aquellas dos jóvenes muchachas. Tendidas en el
suelo, cogidas de la mano. Una de ellas tenía el vientre lleno de cuchilladas,
la otra, parecía haberse rebanado el cuello limpiamente con el mismo cuchillo
que utilizó para convertir a su compañera en un colador de sangre y tripas.
La sangre pasaba de verde a negro y de
negro a rojo y de rojo a verde y lo convertía todo en una tétrica discoteca
desfasada y a punto de cerrar. Parece que todo sucedió después de tres botellas
y media de vino y de apenas media ensalada. Quizá una de ellas tuviese celos de
la otra, o la otra viniese de una familia conservadora y rancia y no se
atreviese nunca a plantar cara y vivir su vida. Puede que aquella, harta de
todo, harta de la sociedad, del conformismo, perdidamente enamorada y deseosa
de ser amada, llevada por un incontrolable impulso, saliera desesperada de la
cocina con el cuchillo grande, el que utilizaba para cortar el queso y el
membrillo del postre, y sin avisar, sin disculparse, sin arrepentirse, solo con
un te quiero, no parase de embutir una y otra vez el cuchillo en el vientre de
su pareja. Como si fuera aquella mosca estampando la cabeza contra el cristal.
Una y otra vez. Quizá fueran 30 puñaladas. O 40. Lo cierto es que antes de
quedarse sin aliento, antes de terminar de cebarse con esa tripa donde tantas
noches, delante de la tele, había reposado su cabeza, ella se tumbó a su lado,
en el suelo, agarrádola de la mano, y con el mismo cuchillo, se rebanó el
cuello a la profundidad justa para poder
sentir algo de arrepentimiento. Mientras,
en el reproductor de mp3, sonaba, una y otra vez, la misma canción:
Come on Jim
Oh you got to
Hold on, Hold on
You got to hold on
Take my hand, I'm standing right here
You gotta hold on*
Y el zumbido de una mosca.
lunes, 10 de agosto de 2015
lunes, 1 de junio de 2015
VERSIONES IMPOSIBLES #7. VÁMONOS de MANUEL ORTA Y MARÍA JIMÉNEZ
Versionando al gran José Alfredo Jiménez
viernes, 29 de mayo de 2015
Y AHORA DIME, MUCHACHO, ¿QUIERES SEGUIR SIENDO BOXEADOR?
Si te encierras en las cuerdas estás perdido
muchacho. Tú no eres Muhammad Ali. Lo único que a lo mejor te puede compara a
él, es que dos semanas antes de cada combate, tendrás que guardar tanta
testosterona, que no podrás follar con tu novia, ni siquiera masturbarte. Por
lo demás, estás muerto muchacho. Recorrerás el túnel que va desde el vestuario
al pabellón y no serás consciente. Cuando bajes las escaleras del pabellón, a
medida que te acerques al cuadrilátero, la gente se reirá de ti, ¿qué esperas?
eres el espectáculo de esa noche, pero tú, seguirás sin darte cuenta. Te
sentarás en tu esquina, mirarás la lona como algo extrañamente familiar, te
quitarán esa bata que fue un regalo de tu madre, te apretarán bien los guantes,
te llenarán de vaselina la cara, mientras tu contrincante aparece vitoreado por
el público, pero , qué más da, tu todavía no eres consciente ni de que te han
puesto el protector bucal. El árbitro del combate os llamará a los dos al
centro del ring. Será la primera vez que mires a tu enemigo a los ojos, y por
un segundo desearás no estar ahí, ni siquiera haber nacido. Tendrás más miedo
que cuando te encerraban a oscuras, cuando eras niño, en la habitación. Sonará
la campana del primer asalto, y toda esa testosterona que tenías guardada, recorrerá
todo tu cuerpo como un relámpago, y antes de que la última gota llegue a la uña
pequeña de tu pie, tu contrincante te habrá dejado ciego del ojo izquierdo,
mareado, con un hilillo de sangre corriendo hasta el cuello. Ya no estrás tan
ligero como al principio, tus piernas serán dos tubos de plomo macizo, incapaz
de moverlas, y el público empezará a girar en torno a ti como una noria. Y lo
peor de todo, es que no hemos llegado al primer minuto del primer asalto. Pero
tranquilo muchacho, es tu debut, y quizá, tu último combate. Si los milagros
existieran, hijo, esquivarías un derechazo directo al rostro, y con la
izquierda golpearías su costado, para, a continuación noquearle con la derecha
en el mismo lugar donde el te dejó ciego. Pero esto no será así, porque los
putos milagros en el boxeo, no existen. Así, que te golpeará duro con la
izquierda en el costado que te dejará sin aire, y hará que te pesen tanto los
brazos, que no serás capaz de mantenerlos en guardia, cubriendo tu rostro,
donde recibirás un gancho de derechas, justo por debajo de la mandíbula, que ni
si quiera has sido capaz de ver por ese ojo ciego. Y mirarás al cielo, como
suplicando uno de esos putos milagros que aquí no existen, pero tienes que
saber que la cabeza tiene un límite, un tope, después, el cuerpo entero la
acompaña, empezando por esos hombros que machacas en exceso, muchacho, y
acabando por esa uña vacía de testosterona, y acabarás tendido en la lona como
un puñetero saco de patatas. Una nueva victoria por K.O para tu contrincante.
La primera derrota, de muchas, para ti. Te sacarán a hombros del cuadrilátero,
y tú solo tendrás una duda en la cabeza, ¿volveré o no? Estarás dos semanas o
más, sin poder mover un dedo, tu nariz será como una tortuga, al tocarla
desparecerá dentro de tu calavera porque no tendrás ni hueso. Tu cuerpo, tal
vez, nunca se acostumbre a tantos golpes, ni tu moral a tantas derrotas. Y
ahora, muchacho, ¿quieres seguir siendo boxeador?
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